Un destello.
Apretó los ojos con fuerza, o lo que tal vez hubiese sido fuerza en algún momento. Aquel resplandor le dañaba los ojos, le escocían. ¿Había estado todo aquel tiempo a oscuras? Pero, ¿cuánto tiempo había pasado?
Escuchó algo más. Un grito. ¿Un grito? Pasos, alguien corría. Se estaba acercado hacía el…
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-No puede ser!!- gritó.
-Que narices pasa ahora?!- chilló su compañero junto a ella, mirando el interior de aquel sitio. De repente lo vio – No me jodas…-murmuró- Pe-Pero… ¡¡Dijiste que este sitio llevaba abandonado desde hacía mucho tiempo!! ¡¡No puede ser que haya alguien aquí!!
Ella sin hacerle caso comenzó a correr en dirección de aquel chico. Ella pensaba igual, ¿cómo podía haber nadie en un edificio que llevaba sellado desde hacia centenares de años?
Llegó al lado de aquel extraño chico. Estaba sentado, apoyado en una de las innumerables columnas que tenía aquel lugar.
Aquel chico levantó la mirada hacía ella, la chica dejó escapar un pequeño chillido de sorpresa, aquel chico, su piel, sus ojos, su pelo… todo el era pálido. No, pálido no. ¡Era simplemente blanco! Debía haber estado alejado del sol muchísimo tiempo, pero aun así, no podía estar tan blanco ni que hubiese vivido encerrado siempre. El parpadeó un par de veces como si no la viese y pareció tardar un poco en adaptarse a la luz y poder verla.
-¿Qué haces aquí? –le preguntó.
El chico tardó en reaccionar ante sus palabras y cuando por fin lo hizo movió ligeramente los labios, pero ni un solo sonido salió de ellos. Como si el mismo se sorprendiese, volvió a probar de hablar, pero no hubo resultado.
-¿Eres mudo? -preguntó ella, se lo quedo mirando. Tenía una expresión extraña. Estaba como soñoliento, parecía no poder abrir los ojos del todo, y la miraba como si jamás hubiese visto a otra persona.
El chico movió, con mucho esfuerzo su mano, moviéndola hacía ella, consiguiendo posar ligeramente las yemas de los dedos en su mejilla. Ella lo miró sin comprender.
Un subido temblor sacudió el edificio entero.
-Anne, maldita sea!! Hay que salir de aquí!!- le gritó su amigo desde la puerta.
Ella asintió y se levantó.
-Hay que irse –dijo tirando del brazo del chico- este sitio no aguantara mucho en pie.
El chico pareció entender. Pero no hizo nada. Ella tiró más de el hasta ponerlo de pie, pero este calló de rodillas al suelo, sin más.
-¡Lo que nos falta! ¡No puede andar! –gritó su amigo desde la puerta- ¡Déjale ahí, no tenemos tiempo!
Sin hacerle caso, agarró al chico y se pasó su brazo por encima del hombro, comenzando a correr hacía la salida mientras todo se sacudía de nuevo. El chico blanco la miró sorprendido. Con una nueva sacudida parte del techo se desprendió sobre ellos. El peliblanco apretó los ojos viéndose enterrado pero de nuevo un destello volvió a atentar contar sus ojos. La chica había alzado su mano y el enorme pedrusco había estallando en pedazos, acompañado con un fuerte ruido. Como el que había escuchado hacía apenas un par de minutos.
Sin dejar de sorprenderse comprobó que con un gritó otra luz se formó bajo sus pies y se vieron impulsados a la salida.
Un sitio abierto, bosque, árboles, hierba, piedras, luz, le escocían los ojos…
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